Por Josu Echeverría Larrañaga
A pesar de que defiendo en todas las circunstancias el principio de la presunción de inocencia y el de in dubio, pro reo, en ‘el caso Contador’ creo que las circunstancias obligan a hacer una excepción o, al menos, una matización más profunda.
En el mundo del deporte de élite, en el que los avances en el dopaje (por el dinero invertido) parecen ir muy por delante del avance de las técnicas antidopaje y en el que, por lo tanto, no es tan difícil engañar al juez (a la UCI, TAS o cualquier otra autoridad) como en otras disciplinas, creo que la inversión de la carga de la prueba es casi obligada.
En el caso Contador hay una prueba inicial: en su sangre se ha encontrado un producto dopante (el clembuterol). Pues una vez existe un producto dopante expresamente prohibido por la UCI, creo que es el protagonista el que debe demostrar, de manera fehaciente y sin lugar a dudas, que eso ha entrado en su organismo de manera accidental. Y ni Alberto Contador ni sus abogados lo han logrado hasta la fecha. En absoluto.
Como ha sucedido con otros deportistas en esta misma situación, la defensa ha utilizado una teoría rocambolesca que ha acabado cayendo por su propio peso. Según sus argumentos en el juicio, el clembuterol debió aparecer en la sangre del ciclista (no lo pueden afirmar porque no existe un trozo de aquella carne para analizarla) por comer un chuletón de carne comprado en el País Vasco, procedente de Castilla Y León. Pues resulta que en los miles (sí, miles) de análisis a la carne que se hicieron tanto en Castilla y León como en el País Vasco en 4 años, sólo salieron 2 positivos (una probabilidad remota. algo así como una probabilidad de 1 entre 5 mil).
De modo que tendríamos que creer que un tercer positivo podría haberse dado al consumir aquel chuletón que comió Alberto Contador. Pues no…
Lo siento. No me lo creo y no se lo cree nadie. Si cobras no sé cuántos millones de euros en un deporte con esas exigencias antidoping, no te arriesgues a comer carne. Y si la comes, analízala o guárdala. No lo hace nadie porque resulta que esto no pasa.
El caso es otro. Es muy parecido al de Al Capone, al que, a pesar de todas sus tropelías, hubo que enjuiciar por evasión de impuestos por falta de pruebas concluyentes. Lo que está detrás de este caso podrían ser las autotransfusiones del tricampeón del Tour. Es prácticamente imposible detectar esto, salvo con pruebas no admitidas que se hicieron a su sangre, en las que se encontraron restos plásticos (cuya procedencia podría ser las bolsas donde se guardaba la sangre). Y como dichas pruebas (aunque hechas) no se pueden esgrimir en el juicio por ilegales, pues han aprovechado el atajo del clembuterol.
¿Por qué sale clembuterol en la sangre cuando es un acelerante muscular que no tiene sentido utilizar en plena competición?
Probablemente (por supuesto, no hay hechos para esto, simplemente es una conjetura) porque algunos deportistas de élite, y más concretamente los ciclistas, lo toman en la época de entrenamientos (noviembre-febrero) para acelerar la consecución del tono muscular deseado. En esa época también les pinchan para sacarles sangre, limpiarla, guardarla e inyectársela en plena competición. La cuestión es que en algún momento fallaron y se quedó un minúsculo resto de clembuterol en el fluido sanguíneo, que al ser introducido de nuevo en el cuerpo del deportista, no fue difícil para los servicios antidoping detectar la sustancia, que fue seguramente lo que pasó en el Tour de 2010.
¿Para qué sirven las autotransfusiones? El hematocrito normal en un deportista de élite está entre 45-50. Lo que hacían antes era tomar EPO para aumentarlo y eso saltaba en los análisis y les pillaban con relativa facilidad. Ahora la práctica es otra; las autotransfusiones de la propia sangre del deportista para que el hematocrito no baje (después de esfuerzos gordos) y se mantenga siempre en un nivel alto (para evitar las famosas pájaras).
Salvo que les pillen con la jeringa en la vena o con las bolsas (o con pruebas no admitidas donde se encuentran restos de plástico), nada de esto se puede demostrar.
Me da pena, pero el ciclismo es así y no tiene pinta de que cambie. Por lo tanto, al que esté dopado y le pillen, que se atenga a las consecuencias.
El problema es que esto (y la permisividad de las leyes antidopaje españolas) ponen en solfa al resto de deportistas de nuestro país. Me parece muy normal que se cuestionen muchos éxitos de nuestro deporte. Hasta que no seamos serios al respecto será difícil desprenderse de la etiqueta de sospechosos que llevamos colgada a nivel internacional. Y eso sí es una pena.

1 comentarios:
¡Esos son todos unos yonquis!