Desde las montañas de Tanzania pueden verse algunas veces a los ángeles desterrados que vinieron a vivir a África. Con sus torsos desnudos se dedican a pasar la pelota de un lado para otro sin saber muy bien el motivo o la fuerza que les atrae hacia esa actividad. Juegan con sus pies descalzos y golpean la bola mientras sueñan despiertos en que, quizás, alguien vuelva a acordarse de ellos en aquel lugar del que fueron exiliados...