La industria del fútbol por Manu Álvarez
Viernes, 18 de noviembre de 2005
A lo largo de la historia del fútbol, y de todos los deportes en general, encontramos a jugadores singulares capaces de marcar la diferencia en los aspectos definitivos del juego. En los definitivos y en los básicos, estos jugadores son capaces de desequilibrar las fuerzas, dar vuelcos impensables al marcador o a situaciones complicadas dentro de cada contienda.
A lo largo de la historia del fútbol, y de todos los deportes en general, encontramos a jugadores singulares capaces de marcar la diferencia en los aspectos definitivos del juego. En los definitivos y en los básicos, estos jugadores son capaces de desequilibrar las fuerzas, dar vuelcos impensables al marcador o a situaciones complicadas dentro de cada contienda.
Aptitudes físicas y mentales
Para llegar a la comprensión de cualquier tema no hay mejor camino que la propia experiencia o la clara ejemplificación. Así, la velocidad es un parámetro esencial en la disciplina futbolística; un jugador rápido puede suplir carencias técnicas o propias del entendimiento táctico del juego por el mero hecho de que su velocidad le permite una mayor capacidad de desborde o desmarque. Pero de poco le servirá si no posee un notable centro, desmarque acorde con la realidad del juego o un remate medianamente certero.
El factor psicológico
Recordemos al gran Marc Overmars de mediados de los noventa en el AFC Ajax de Louis Van Gaal. Era un auténtico ‘cuchillo’ por cualquiera de los extremos. La circunstancias del momento le llevaron a Inglaterra (Arsenal FC), donde poco a poco bajó su nivel. Recaló finalmente en el FC Barcelona, de nuevo bajo las órdenes de Van Gaal. Se le dieron los galones de estrella y, aun así, no pudo recuperar el nivel exhibido hacía años en Holanda. Parecía más un problema mental, de autoestima que de pérdida de cualidades físicas, como indicaba la opinión general entonces. Un jugador no pierde estas aptitudes por deficiencias físicas, sino más por inseguridad personal.
La estela de Zidane
El Olympique de Marseille desestimó el fichaje de un joven francés de origen argelino llamado Zinédine Zidane. Causa: su excesiva lentitud. El FC Girondins de Bordeaux no tuvo ningún problema en incorporarlo a sus filas, donde pronto destacó hasta el punto de convertirse en la mayor promesa del fútbol galo y líder indiscutible de su selección con el paso de los años. En su periplo por el Juventus, y más tarde con su traspaso al Real Madrid CF, ‘Zizou’ ha dejado clara una cosa: su relativa lentitud puede ser suplida con puro talento.
La predisposición
Con talento hacemos referencia a inteligencia, calidad técnica en el control del cuero, en su conducción, visión lúcida del juego, paciencia, entrega... Puede que la velocidad sea una facultad locomotriz mejorable, como también lo es la flexibilidad, el salto o la potencia física. Pero hay algunos aspectos que los jugadores, ya sean de fútbol o de cualquier otro deporte, no se pueden entrenar. La determinación, el carisma o el olfato goleador, son virtudes que un futbolista no puede desarrollar. Las tiene o no las tiene, nace con ellas o no.
Puro talento
Si el fútbol fuera matemáticas, lo lógico sería que en la final de la Copa Mundial de la FIFA de 1998 entre Brasil y Francia, los goles los hicieran Ronaldo, David Trezeguet, Thierry Henry o Rivaldo. Pero no fue así. El líder indiscutible de la selección anfitriona fue Zidane. Ante miles de espectadores en el campo y millones por televisión, cogió las riendas del partido e hizo dos tantos de cabeza, faceta poco habitual en un jugador de sus características.
Pura determinación
Así sembró el genial mediapunta galo el camino de rosas hacia la victoria Bleu en el primer Mundial de su historia. Eso es determinación; ser el más fuerte aunque tu físico desgarbado indique lo contrario. Convertirte en el más decisivo y recoger un ininteligible balón de las nubes para colocarlo en la escuadra rival de forma poco menos que acrobática, valiendo una final de UEFA Champions League. Eso es determinación.
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