La calidad de los jugadores invisibles


por Manu Álvarez

"Las actitudes son más importantes que las aptitudes". Winston Churchill (1874-1965).

¡Qué golazo de Messi! ¡Menudo remate de Ronaldo! ¡Vaya pase de Iniesta…! Así comienzan y terminan la mayor parte de las crónicas de nuestro fútbol querido que, como todas las cosas del universo, tienen noche y día; lunas y soles; luces y sombras.






El fútbol es un deporte de equipo que, desde sus inicios, ha sufrido gravísimas evoluciones técnicas, reglamentarias, estéticas, sociales, etc. Ha sido jugado con maestría por muchos clubes y naciones. Pero, a día de hoy, el fútbol español es el referente en todo el planeta por la sencilla de razón de que la selección nacional es la actual campeona del mundo y porque sus clubes más poderosos, Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, tienen en su poder el tarro de las esencias del fútbol moderno.


Pero, ¿qué se esconde detrás de los grandes titulares de la prensa? ¿Qué hay detrás de estas semifinales de la UEFA Champions League? Profundizaré más, ¿quiénes son los verdaderos responsables de este momento alcista de nuestro fútbol?

Una persona moderada diría que, como deporte de equipo, el momento actual del fútbol español se debe a todos los jugadores de España, en su conjunto. A la filosofía aplicada en las escuelas de fútbol desde la base hasta la élite que han desembocado en una manera de concebir el fútbol absolutamente adecuada para la manera en la que se practica éste deporte a día de hoy.
Otras personas optarían más por la personalización y señalaría directamente a los 23 campeones del mundo (más cuerpo técnico) o, yendo más allá, diría que el Mundial se consiguió gracias a Iker Casillas y a Andrés Iniesta; punto y final.

Pero el fútbol no es matemático. No siempre gana el que más estrellas tiene o el que más dinero invierte, sino que es un deporte vivo que, al igual que la tierra, gira sobre sí mismo y alrededor de su propia historia teniendo días y noches largos; días y noches cortos;jugadores legendarios y trabajadores del fútbol.

Y aquí nace nuestra teoría: los trabajadores del fútbol, los obreros o currantes a los que, a partir de este momento pasaremos a llamar Los jugadores invisibles, son una parte esencial del deporte que nos ocupa. Estos ‘bregadores’, escondidos hoy en las figuras deJavier Mascherano, Sami Khedira o Marcos Senna, son para sus entrenadores y para muchos de los aficionados, piezas tan esenciales para sus equipos como las rutilantes estrellas que copan las portadas de periódicos día tras día.

El fútbol moderno nos ha traído una especie de futbolista tan especial como la del portero, el extremo puro o el delantero centro. Los argentinos, como siempre, dirán que la han inventado ellos; que su 5 argentino lleva décadas en circulación. Lo cierto es que el mediocentro defensivo, mediocentro recuperador, mediocentro organizador… llámenle como quieran, es una de las posiciones intocables dentro de un equipo moderno y, dependiendo de la filosofía de ese equipo el jugador tendrá labores más creativas, más defensivas o más maratonianas.

Y es que las genialidades de Leo Messi, Iniesta, Xavi, Cristiano Ronaldo o Di María, están sustentadas por el trabajo incansable de estos jugadores invisibles, esenciales para sus clubes y selecciones y con la carga filosófica de haberse convertido en el ‘Equilibrio’ de sus equipos.

Porque dar equilibrio a los colosos del planeta no está al alcance de cualquiera. La presión, la responsabilidad, millones de almas gritan angustiadas ancladas a los tobillos de este último jugador encargado de velar por las alocadas subidas de los laterales brasileños; encargados de cerrar la cancela del área cuando, en un arrebato de grandilocuencia futbolística, el central de turno ha decidido erigirse en media punta y ha perdido el balón en tierra de nadie.

Sólo hay que preguntarle a las estrellas. Ya lo han dicho en más de una ocasión. Seremos claro: sin Marcos Senna, España no habría ganado la Eurocopa de Austria y Suiza. Sin Sergio Busquets o Xabi Alonso, nos habríamos vuelto antes de Sudáfrica. Sin Khedira, sin Makélélé, sin Mazinho, sin Donato, sin Dunga, sin Mauro Silva ni Guardiola… sus equipos nunca, jamás, habrían llegado a ser lo que fueron, porque se cuidaron bien de que sus compañeros, postergados en el extremo del juego ofensivo y defensivo vivieran tranquilos cumpliendo sus funciones y equilibrando la balanza a base de trabajo, inteligencia e invisibilidad.

0 comentarios: